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miércoles, 30 de noviembre de 2011

A mí, que me revisen


En estos días ha recrudecido la discusión sobre el tema del revisionismo histórico de la mano de Pacho O'Donnell, quien preside el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, y algunos sostenedores de la historia oficial de nuestro país. Lo explica muy bien en nuestro blog, y recomiendo su lectura o reelectura, Sergio San Juan en su nota El relato K: la historia como eje de nuestra imaginación creadora. Pero la discusión ha tomado un giro brusco en las últimas 48 horas, que ha cambiado el eje del tema y es lo siguiente: algunos referentes y sostenedores de la historia que todos conocemos, por tratarse de conservadores culposos por dentro, con mentalidad abierta hacia afuera, ya no discuten la historia, sino la legitimidad de quienes la revisan y el motivo por el que lo hacen. Entonces traspolando argumentos dudosos de un tema a otro van negando la posibilidad de cambios. Porque ése y no otro es el fin de esta actitud, que nada cambie, base del conservadurismo e ideología oligárquica. Recordemos a Biolcatti reclamando la vuelta a la Argentina de 1910. Y ahí esta Beatriz Sarlo expresando una idea que la hace una aparente librepensadora, y que esconde, latente, todo su odio conservador. ¿Cuál es su argumento base contra el revisionismo histórico?. Que el kirchnerismo pretende un discurso hegemónico y direccionado de la historia, un discurso histórico único. Este argumento es usado también, y he aquí la traspolación, en el caso de la ley de medios audiovisuales, donde los que se oponen argumentan que el kirchnerismo no quiere la democratización de los medios sino la hegemonía de la comunicación, una comunicación única. Entonces defienden la hegemonía privada, que la reconocen mala, por sobre la hegemonía estatal que no la conocen, porque no se produjo, pero la saben peor, así se aseguran que nada cambie. La historia oficial, que se enseña en nuestras escuelas, es la historia escrita por el general Mitre, vencedor portuario de Buenos Aires sobre los impulsores del federalismo, y como dice Arturo Jauretche: dejó un diario a sus herederos para que lo defiendan, La Nación, y desde allí hacen la defensa de esa historia conservadora y mentirosa, Sarlo, Grondona, Majul, Morales Sola y etc., que no tienen siquiera el escrúpulo de hacerlo desde otro lado, sólo defienden a sus jefes.
Pero veamos que nos dice O'Donnell: "Aunque nos duela, la verdad es que la actitud de la mayoría de los integrantes de la clase alta de Buenos Aires, españoles pero también criollos, fue obsecuente y colaboracionista. Menudearon las visitas de cortesía al fuerte ocupado por los invasores y eran muchos los que enterados de que el comandante inglés era muy goloso, portaban grandes fuentes de dulce de leche y zapallo. Los ingleses individualmente fueron distinguidos por las familias principales de la ciudad y sus generales se paseaban de bracete por las calles con las Marcos, las Escalada, y las Sarratea." ¿Qué dice la historia revisionista?, que fue el pueblo el que se organizó y luchó para echar a los ingleses. ¿Será ésto lo que quieren ocultar?. ¿Y por qué el héroe de la patria murió exiliado?. El revisionismo dice que fue por sus ideas. ¿Quién fue realmente Juan Manuel de Rosas ? ¿y Dorrego? ¿y Moreno?.
Dice O'Donnell: "La historia que siempre nos han contado posterga o suprime a aquellos próceres y movimientos que han tenido el favor de los sectores populares y que con esa fuerza han puesto en peligro el poder de turno." Y Rodolfo Walsh: "nuestras clases dominantes han procurado siempre que los humildes no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. La historia aparece asi como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de otras cosas."
Ésto y no otra cosa se pretende ocultar con la oposición a la revisión histórica, la preponderancia de los humildes y los distintos en su devenir. Ésto y no otra cosa defiende Sarlo desde el búnker de La Nación: el poder. Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la que queremos revisar. Quien quiera oír, que oiga.

martes, 22 de noviembre de 2011

El relato K: la historia como eje de nuestra imaginación creadora

Una de los modales kirchneristas que más enfurecen a gorilas y chimpancés es la construcción de un supuesto relato histórico deformado y completo de falsedades, imposturas y deformaciones. Según esta visión, los Kirchner han construido con hechos históricos aislados, reinterpretados, pegados en una suerte de collage antojadizo, un hilo conductor que arranca en Mariano Moreno y Manuel Belgrano –los favoritos de Cristina Fernández-, pasa por Rosas, Perón, Eva, Cámpora, Jauretche, etc.; y culmina en la figura cada vez más épica de Néstor Kirchner.
Muchas veces me pregunté si era válida la apropiación de estos hechos en forma segmentada para integrarlos como parte y sostén del discurso de un movimiento político. A pesar de la simpatía que me despiertan estos hechos y personajes junto con el rumbo elegido por el partido gobernante en este momento histórico para Argentina y América Latina, no tenía una respuesta definitiva. Lo que sí tengo en claro es que detesto la construcción histórica del otro relato dominante durante décadas, ese que tiene como bandera al diario La Nación por ejemplo, y que muestra como héroes de la patria a genocidas como Julio Argentino Roca.
Como tantas veces, en forma sorpresiva una mesa de saldos me trajo algo de luz al respecto. Whashington Cucurto, escritor antisistema surgido del conurbano bonaerense, que escribe con todo lo que está afuera del idioma establecido por la academia, me dio una mirada audaz, inteligente, distinta, de lo que significan los protagonistas y los hechos históricos en su relación con el presente. Escribe Cucurto en 1810 La Revolución de Mayo vivida por lo negros (Emece Editores, Buenos Aires, 2008):

Señoras y señores,
¡se acabó!
¡tomemos la historia por el culo!
¡La historia y la literatura nos pertenecen!
Basta de historiadores de manos blancas
y oscuras ideologías,
ahora la historia la escribiremos nosotros.

Y más adelante otro párrafo perturbador:

La historia debe ser
el eje de nuestra imaginación creadora.
De nada sirven San Martín y Bolívar
-con todo respeto- si no nos ayudan a solucionar
nuestro horrendo presente de hambre y desesperanza.
Porque la primera obligación de San Martín,
¡hete aquí, bien dicho,
la primerísima obligación sanmartiniana!,
es ser nuestro compinche,
ser como nosotros queremos.

Entonces me pregunto, ¿de qué me sirve hoy, por ejemplo, Perón? ¿Cómo puede ayudarme Evita? ¿Qué hechos del pasado integro a mi proyecto de país? Es muy conocida la anécdota sobre la respuesta de Perón a Braden con apenas unos días ejerciendo como presidente en octubre de 1945. El Embajador de EEUU había cumplido en esas elecciones presidenciales el papel que por estos tiempos hicieron los grandes medios con Clarín como bastonero; es decir, demonizar al gobierno, aglutinar a la oposición, darles un discurso, enfrentar al candidato nacional y popular. Con todo a favor, Braden, como Clarín, pierde clamorosamente. Pero sabe que tiene la impunidad del poder. Pues bien, visita a Perón y lleva un pliego de condiciones para que el general transite una presidencia sin turbulencias. Braden dice algo así como “esto es lo que debe hacer para ser bien considerado en mi país”. El Presidente lo lee detenidamente y responde: “No quiero se bien considerado en su país a costa de ser un hijo de puta en el mío”.
Cuando pienso en las distintas caras que Perón mostrara en su larga vida política, créanme me quedo con ese revolucionario presidente conductor de un modelo nacional y popular y no con el viejo hijo de puta que le dio la derecha a López Rega para comenzar la represión ilegal con la complicidad del Estado. Sé que es un recorte, que estoy editando la historia de acuerdo a mis intereses, que Perón fue algo más complejo que esa maravillosa respuesta a Braden y su formidable primer gobierno. Pero es el Perón que necesito en este momento de la Patria. Su primera obligación es ser mi compinche, ser como yo quiera.
Por eso, cuando leo a tanto contrera profundamente preocupado por cuantas hectáreas tiene la propiedad de los Kirchner en el Calafate, y no mencionan la formidable quita que Néstor lograra sobre nuestra ominosa deuda externa, por citar sólo un ejemplo de una larga, larguísima lista de medidas verdaderamente nacionales y populares, no puedo dejar de enojarme. Y con respecto al relato histórico k, no está nada mal investirnos de una mística histórica que será muy necesaria cuando tengamos que enfrentar a los enemigos de siempre, que siempre estarán dispuestos a la revancha.
El presente como resignificante de la historia, la historia como eje de nuestra imaginación creadora, las banderas y mitos que creamos como escudos para enfrentar las grandes batallas. Gracias Cucurto, nuevo Roberto Arlt que se pasea entre Berazategui y Constitución pegando sin cansarse a cada rato un nuevo “cross a la mandíbula”.

jueves, 17 de noviembre de 2011

¡Cuidado! Traidores trabajando.


En el libro Política Nacional y Revisionismo Histórico, de Arturo Jauretche se refiere una anécdota que cuenta el Dr. Arturo Frondizi, utilizada en su campaña electoral y olvidada durante su presidencia, según nos informa don Jauretche: El general Grant, después de haber sido presidente de EE.UU., fue invitado en 1897 a una conferencia liberal en Manchester. Después de haber oído a los oradores que demostraron las excelencias de la División Internacional del Trabajo (DIT), le fue cedida la palabra y dijo: Señores, durante siglos Inglaterra ha usado el proteccionismo, lo ha llevado hasta sus extremos y le ha dado resultados satisfactorios. No hay duda alguna que a ese sistema debe su actual poderío. Después de dos siglos Inglaterra a creído conveniente adoptar el libre cambio por considerar que ya la protección no puede darle nada. Pues bien señores, el conocimiento de mi patria me hace creer que dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector todo lo que este pueda darle, adoptara el libre cambio.
¿Que nos dice la División Internacional del Trabajo?. Países subdesarrollados exportan sus productos primarios a los países desarrollados, que con su industria desarrollada los convierten en productos acabados que exportan al mundo y por supuesto a los países subdesarrollados, donde aquellos habitantes que pueden los compran.
Nuestro país ha obtenido medalla de oro en los juegos DIT, obedientes a la estructura que el general Grant rechazó para su país y que nosotros adoptamos en corta visión futurista y en un país pensado para pocos.
Este es el país del que nos hablo el sr. Biolcatti en su discurso en la sociedad rural argentina, días antes de las elecciones del 2011, recordando la patria del centenario, emulando a Faustino Fano, presidente de la rural en 1964 y que dijo en su discurso de inauguración: "la solución de la Argentina es restablecer la situación imperante en 1922 cuando había en el país cuatro cabezas de vacuno por habitante."
Un país pensado teniendo en cuenta la relación animales-personas. ¿Cuántos habitantes necesitamos para las cabezas de vacunos que tenemos?. Como dice el mismo Jauretche: el resto que emigre.
El librecambio ha funcionado entre nosotros y contra nosotros tanto tiempo porque a la presión externa debemos sumarle los gringos de adentro, como los llama el genial poeta Jorge Marziali, a sabiendas que en la diferencia entre el desarrollo de algunos y el subdesarrollo de otros, el resultado siempre es el mismo: la profundización de la diferencia.
A pesar de algunos esfuerzos por modificar esta ecuación perversa, siempre se reencauzó la línea que privilegió los intereses externos y los de sus socios locales.
Esta vieja lucha es la lucha actual. Contra ello trabajan los traidores fuertemente y con toda la artillería posible. Cuando el ALCA (tratado de librecomercio con EE.UU.) fue rechazado por la pericia de Néstor Kirchner , la verborragia de Hugo Chávez y el acompañamiento de países con deseos independentistas como Brasil, sentó un precedente de libertad que hacía muchos años no presenciábamos, lejos del palabrerío y hermanado con los hechos. Esto molesta y mucho. Tocar intereses enormes no es gratuito. Seria conveniente no distraernos frente a esta actual embestida, sepamos cual es nuestro lugar en la pelea, difícilmente tengamos otra oportunidad.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Martín Caparrós, el alquimista


Hace algunos días, creo que el propio 17 de octubre, un amigo llamó mi atención hacia el blog del escritor argentino Martín Caparrós, quien habría tomado distancia del clima hostil de nuestras pampas, para autoexiliarse en España, al decir de Marcelo Figueras en Página 12. Ese día escribió sobre el peronismo (evidentemente, sus temas responden al santoral de los almanaques, cosa que está muy bien). Se puede leer su artículo aquí.

Yo me propongo pensar, al uso nuestro, el de los autores de este espacio, ciertas ideas vertidas en ese artículo. Si digo cosa tan espantosa como “al uso nuestro”, lo hago en conocimiento de las limitaciones del propio universo conceptual. No pretende ser una respuesta, en el sentido estricto, a las palabras de Caparrós, sino el hecho de darnos la posibilidad de pensar, desde nuestro lugar de argentinos (y de argentinos k, pa qué negarlo) empapapados por la realidad, sus palabras.

Algunos párrafos me parecen interesantes de releer. “El peronismo es, para empezar, el nombre político del derrumbe argentino. Desde que empezó, en 1945, la gobernó más que nadie, y 20 años de los últimos 22 de decadencia.” Por supuesto que uno puede empezar por cualquier lado, ya lo dijeron los ciegos que querían descubrir la realidad del elefante. Bueno, el bloguero en cuestión empieza en 1991. Y desde ahí, propone 20 años de decadencia. De manera no tan sutil, extiende esa decadencia hacia toda la historia del peronismo, puesto que asegura que así se llama al derrumbe argentino. No será desde este lugar, desde donde se negará la condición peronista de Menem. Si nos apuran, ni siquiera negaremos con gran fervor, la del ingeniero Macri. Lo que estoy seguro (acá empiezo a hacerme cargo del texto personalmente, sin esconderme tras el blog) es que la idea de decadencia no me parece la más indicada para sintetizar la década menemista. Y totalmente desafortunada para identificar al proceso actual.

El peronismo será, para siempre en la historia argentina, el espacio político mediante el cual comenzaron a participar de los asuntos nacionales, millones de marginados. Comenzaron a tener un lugar en sitios vedados para ellos históricamente. ¿Este hecho en sí, torna inútil cualquier discusión sobre si esta participación fue generada de la mejor manera? De ningún modo. Es válida la discusión sobre el nivel de concientización de clase de los obreros argentinos y si los beneficios obtenidos fueron de la mano y, sobre todo, si estos beneficios, caídos como el maná en el éxodo, no generaron ese mesianismo cuasi religioso que muchos perciben en el peronismo. ¿Discusiones válidas? Sí. Y mucho. Y las desarrollaremos en este blog muy pronto, con toda seguridad. Caparrós hace una breve mención a lo antedicho, minimizando su importancia, a mi entender (son “trabajadores que llegaban desde el campo atraídos por el desarrollo industrial” cuando es mucho más que eso: fueron los negros, los grasas, los animales – recordar el aluvión zoológico - reconocidos como ciudadanos ¿se siente el peso ético de esta inclusión?) y, simplemente, dice que pasó hace 66 años. De esta manera, invisibiliza y clausura estos datos. Da por terminada la discusión histórica. Vamos al presente, dice (ignora o pretende que ignoremos que existe una continuidad en tanto identificación de los marginados actuales con aquellos).

Sus interlocutores europeos le piden que defina al peronismo. Y no puede. Y esto es terrible. Creo entrever el horror de Sarmiento, de Mitre. Vivimos envueltos en un movimiento político que no podemos explicarles a nuestros maestros europeos. Mientras nos preguntan, miramos el piso, hacemos círculos con el pie derecho, en una dirección y en otra, sin encontrar la ansiada respuesta. Entonces el peronismo es la montonera, los malones, el horror de la chusma que Roca y tantos generales fratricidas, juraron aplastar en el siglo XIX. No podemos soslayar el eurocentrismo que exhibe Martín Caparrós, que hace dos menciones a estos inquisidores extranjeros en un texto bastante corto. Reclama, casi desesperadamente, un auxilio básico. ¿Es de derecha o de izquierda el peronismo? Como si derechas o izquierdas pudieran explicar, por caso, la terrible crisis europea actual. Como si todos debiéramos rendirle culto a la manera de sentarse en el congreso de los diputados de la república francesa.

Finalmente declara algo maravilloso. Que la palabra “peronismo” debiera dejar de ser dicha. ¿Por qué? Básicamente porque significa tantas cosas que termina no queriendo decir nada. Hábil maniobra. Casi un prestidigitador de la política. Permítaseme asumir las intenciones del autor. Hacer desaparecer la palabra con el objetivo alquímico, de que desaparezca el peronismo. Desarticular el signo a partir de eliminar el significante. En esta desarticulación, Caparrós cree encontrar la piedra filosofal de la política argentina. La lingüística saussuriana nos rescata de la barbarie, del choripán y los pisos de parquet en el fuego. Una solución europea a los problemas argentinos, como ya lo anuncia la revista Barcelona.

Quiero volver sobre el tema menemato y por qué no lo considero parte de una decadencia. La década del 90 fue un plan muy bien organizado por el liberalismo internacional. Es el mismo liberalismo, guardián del capital al que se supone que combatió el primer peronismo (por acá no suponemos esto, pero ya lo aclararemos en otra oportunidad). Que el peronismo, por sus características, podría ser caracterizado en la política argentina como el único movimiento de masas, fue la causa de que se lo utilizara para imponer políticas liberales en estas tierras, ayudados por un dirigente carismático y ubicuo junto a muchos leales al ejercicio del poder, por la desmovilización política (fin de la utopías) y cierto posmodernismo imperante en la práctica que aseguraba que todo lo obtenido por la masa proletaria era cosa de un pasado pisado que no podía repetirse. El mundo era otro, se decía. Había rupturas muy pronunciadas en el devenir histórico, también se decía. Yo no puedo llamar decadencia a esto. La decadencia es como una fuerza negativa autocentrada, impulsada por cierta displicencia, en la que los elementos externos parecieran tener un carácter secundario. En este caso, hubo una profunda acción política, llevada adelante por los únicos que creían que en ella se encontraba un elemento de cambio: los mercados internacionales. Recuerdo a un tal Jeffrey Sachs, economista norteamericano invitado por Neustadt, que nos decía en ese tiempo nuevo, lo bien que hacía las cosas ese gobierno y sólo pedía tasas más bajas. En ese año, 90, faltaba el punto culminante del dominio sobre el ciudadano y su marca definitiva como consumidor: el crédito. ¿Decadencia? No para mi visión. Más bien un plan sistemático de exportación, desde los importantes centros mundiales, de crisis globales recurrentes, de creación de satélites donde arrojar el propio déficit. Aún cuando el proceso sea más complejo, me interesaba aclarar este punto.

Que el momento actual no me parece decadente, creo haberlo expresado ya en muchas notas y de muchas maneras. Volveremos sobre el tema seguramente en varias oportunidades. De todas maneras, no me interesa particularmente rescatar al peronismo, ni si este gobierno es peronista o no (qué poco que me importa elucidar este punto, les juro). Sí me interesa que tenga una característica de aquél: la inclusión de los sectores marginados. Después, si la palabra o partido o la historia del peronismo desaparece, será cuestión del devenir histórico o, mejor, de propuestas superadoras, no de dos o tres intelectuales tocados con bonete y con ilusiones de alquimistas medievales.


sábado, 22 de octubre de 2011

La memoria


Aunque sabemos que esto no es nuevo, los pedidos de olvido y perdón en favor de los genocidas, por momentos arrecian con mayor fuerza. Pero aquellos que consideramos el valor de los derechos humanos el valor supremo, nos asombramos cuando vemos que quienes fueron líderes en el pedido de justicia y castigo, hoy se enojan con la presidenta de la nación porque dedica minutos de sus discursos al tema. "La presidenta habla de cosas que pasaron hace 34 años."
Hace un tiempo estuvimos con mi esposa en Italia y encontramos en los municipios de cada pueblo que visitábamos, unos cuadros gigantes cubiertos con vidrio, y adentro la foto con el correspondiente nombre de cada uno de los Partisanos que murieron en la lucha por la resistencia y como recordatorio de los hechos ocurridos hacía 65 años. En un pueblo de Módena que se llama Carpi, se encuentra Fossoli que fue el único campo de concentración que hubo en Italia desde donde se hacían los traslados a Alemania hace 70 años en perfecto estado de conservación, con alusiones en todas partes de los detalles del funcionamiento de este lugar. En Sicilia pregunté si se podían ver las cuevas subterráneas donde los italianos se escondían para protegerse de las bombas que arrojaban los aliados. ¡Tengo una en el garaje de mi casa! me dijo el yerno de mi primo. Y fuimos a verla. Era un garaje normal con su portón y sus paredes laterales pero no tenia pared de fondo, en su lugar estaba la entrada de la cueva. Esto esta así porque no se nos permite modificar nada que este relacionado con nuestra historia, me comenta. Y yo pensaba, además, con el dolor, porque todos estos hechos están relacionados con el dolor y con el deseo de los italianos de que no se repita. Ningún joven tiene la posibilidad de desconocer los hechos ya que se tropieza con ellos donde vaya. Y por supuesto a nadie, al menos públicamente, se le ocurriría pedir olvido o perdón. Sería inmediatamente repudiado.
Creo en la memoria y el recordatorio constante de los hechos tristes y dolorosos de nuestro país, me avergüenzo de aquellos que sin medir consecuencias o por intereses mezquinos quieren, exigen, impunidad.
Para terminar vaya esta yapa: "Amo a la argentina, porque como dice mi madre, alli comí mucho tiempo. La he amado hasta cuando me apoyaban las Itakas en el pecho, cuando tuve amenazas de bombas en el escenario, cuando amenazaban de muerte a los periodistas que recogían en sus diarios mis declaraciones. La he amado, la amo en cada uno de sus habitantes. Hasta en los que no me quieren. Salí a la calle, conocí mucha gente, compartí lo que estaba ocurriendo. Allí tengo amores, desamores y tantos amigos muertos. Una parte de mi mismo esta enterrada en la argentina. Un trocito de mi que mataban cada vez que me mataban un amigo. Un trozo mío por cada desaparecido. Hay que contarles sobre esos días terribles a los muchachos, porque los pueblos que pierden su memoria pierden la llave de su historia. Hay que contarles y y recordar a nuestros muertos y entonces si que no habrá más penas ni olvido".
La yapa se titula Amor y fue escrito por Joan Manuel Serrat, extraído del libro Lo pasado pensado de Felipe Pigna.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Pequeños apuntes sobre el liberalismo argentino. Parte 2.


Decía Domingo F. Sarmiento en su mensaje a las cámaras en 1869 : "por el más imprevisor sistema de colonización que haya ensayado pueblo alguno, la parte mas poblada de la República esta ya poseída, sin que el inmigrante encuentre un palmo de superficie exento de las trabas que a su adquisición opone la propiedad particular. Con 900 mil millas cuadradas de área y con una población de 1.500.000 habitantes, los dos tercios no saben, sin embargo, donde fijar su hogar y el inmigrante a donde dirigirse para establecer sus petates. En la expectación de 100.000 inmigrantes por año, debemos desde ahora acometer la tarea de prepararles tierra de fácil adquisición y regir su distribución por leyes que estorben que un individuo se apodere del territorio que baste en Europa para sostener un reino, o que la generación actual despoje a las futuras de su derecho a tener un hogar y un pedazo de suelo que llamar su patrimonio."
Si bien luego Sarmiento borraría con la espada lo que en este discurso dice, nos interesa mostrar una realidad que a continuación ampliamos: el censo de 1869 nos informa que en la argentina habitan 1.100.000 personas en las campañas. Además, 113.352 son agricultores y 46.542 estancieros y hacendados. 1.019.744 no declararon oficio o profesión alguna, viven de trabajos esporádicos o de la caza y la pesca. ¿ Alguien puede imaginar mejores condiciones que ésta para la violencia ?
"El suelo esta acaparado por poquísima gente y el resto obligado a vivir como nómades, calificados como vagos por la oligarquía y como tal, perseguidos", como nos informa Nicasio Oroño.
El código rural de 1865 sancionado por la legislatura bonaerense dice en su artículo 289: "Será declarado vago todo aquél que careciendo de domicilio fijo y de medios conocidos de subsistencia perjudique a la moral por su mala conducta y vicios habituales."
Podemos concluir entonces que las clases dominantes desposeen a gran parte del pueblo de todo medio de vida, lo obligan al nomadismo y luego lo califican de vago porque no tienen medio de subsistencia ni domicilio fijo.
Esta perversidad en el obrar de los que se enriquecían sin limites y a los que la vida del prójimo poco le importaba, puede ser vista en paralelo con los tiempos actuales donde una clase perversa que se enriquece a costa de la desocupación y el empobrecimiento de grandes sectores de la población, luego pide airadamente el castigo a los marginados que ellos mismos provocan y que responden con violencia a la violencia previamente recibida.

* Los entrecomillados han sido extraídos, de manera textual, del libro "La guerra del Paraguay. Estado, politica y negocios", de Leon Pomer.

* La imagen que ilustra el artículo corresponde a la obra "Los borrachos" del pintor peruano Mario Urteaga Alvarado (1875 - 1957).

miércoles, 5 de octubre de 2011

Pequeños apuntes sobre el liberalismo argentino. Parte 1.


Nuestra historia nos revela una sistemática repetición de hechos que requieren una renovación permanente de testigos de estos hechos. En general no podemos hablarle de las bondades del menemato a aquellos que lo vivieron, pero tal vez en unos años podamos empezar a esbozar algunos argumentos a favor frente a los desengañados del futuro. Los liberalismos económicos, salvo en el período antes mencionado, han debido asociarse necesariamente a fuerzas represoras para llevar adelante sus ideas políticas.
Cuando Lavalle, defensor del librecambio con los países imperiales, derroca al coronel Dorrego, defensor de la economía de estado en beneficio de los que poseían sus tierras aquí y de los humildes y desposeídos de esa época ( diciembre de 1828 ), no se si a sabiendas o no, inicia el fin de la oportunidad de una patria grande y como mínimo mas justa.
Cada golpe militar en nuestro país, invocando la patria, el orden, las instituciones y demás etcétera de palabras grandilocuentes, ha traído de la mano la desgracia económica para los sectores medios y populares.
A la asonada militar contra Dorrego, sumemos las de Yrigoyen, Perón, Frondizi, Illia e Isabel, todos quebrantamientos democráticos precedidos de cataratas de palabras patrióticas pero en los hechos vacías de contenido ( no tengo en cuenta el golpe del 43 a Ramón Castillo por ser éste heredero de la década infame originada en el golpe del 30). Estos golpes tuvieron el sólo fin de implementar políticas económicas de transferencia de riquezas de los trabajadores a los empresarios locales e inversores extranjeros. Los militares, salvo Perón que fue elegido por el pueblo, ya sea por ignorancia, incapacidad o connivencia, siempre han estado del lado de los que más tienen, nunca del lado del pueblo.
Y cuando los golpistas se han peleado entre ellos, azules y colorados por ejemplo, siempre fue para dirimir quién representaba mejor los intereses de la oligarquía, tanto autóctona como exótica; con nosotros mirando desde afuera y sólo sufriendo sus decisiones.
Es verdad que no son tiempos de dictadores, pero no dejemos de observar que la dialéctica es la misma y como en el caso del traidor del pueblo ( Menem), o el del timorato de la duda, pueden ser civiles elegidos por nosotros mismos los que reviertan este proyecto actual de inclusión y nos hundan nuevamente en la desesperanza.
Estemos atentos y actuemos con responsabilidad, que el árbol no nos tape el bosque.

martes, 20 de septiembre de 2011

Pura copia

Estoy leyendo un libro de Jose Pablo Feinman que se titula " Peronismo Filosofia politica de una persistencia argentina " y he querido por medio de este blog recomendarlo fervorosamente y ademas tomarme el atrevimiento de transcribir textual un parrafo del capitulo "El dia de la militancia " cuyo subtitulo es " Si la juventud no salva esto no lo salva nadie " . Ahi va: El fervor revolucionario de toda una generacion de jovenes, un fervor que encontraba su cohesion en torno al peronismo, que el peronismo y el lider prohibido y las masas postergadas y la torpeza de la Argentina gorila, conservadora, reaccionaria y macartista, habian nucleado, habian dado forma de rebeldia, habian transformado en descontento revolucionario, en ambicion de una sociedad mas justa. La juventud se sentia protagonista, sentia que era parte de la historia y hasta que la estaba haciendo. Se burlaba de la bronca de sus viejos, de sus concejos llenos de sabiduria gorilona. No les importaba saberlo. O tenian mejores lugares donde averiguarlo. La plenitud estaba ahi. Era irresistible. Habia que ser parte de ella.
La respuesta fue una matanza tan descontrolada, una sed de venganza tan impiadosa, fue tan enorme la necesidad del castigo ejemplar, tan deliberado el plan de introyectar el terror en la sociedad para dominarla durante decadas, tan asesinas las bandas que ejercieron la represion, que miles, miles de jovenes, obreros y profesionales e intelectuales murieron por nada. Porque no habian hecho nada. Nada como para morir. Nada para morir ademas, como murieron. Porque no debieron haber muerto. Murieron victimas de un delirio represivo, de una matanza paranoica, de una locura de muerte y de crueldad que se desato desde el poder. Entre los aterrados que permanecian en el pais, o porque aun no se habian exiliado, o porque no podian hacerlo o porque no querian, solian hacerse cautelosas reuniones para evaluar la seguridad. Nunca se llegaba a ninguna conclusion. Solo una: se mataba a mansalva. La frase que se decia era: " A cualquiera por cualquier cosa ". Nadie esperaba algo asi. Ninguna juventud pago mas caras sus rebeldias. Si aceptamos eso que se dice, que siempre se paga un precio por los pecdos de juventud, el precio que pagaron los jovenes del 70 fue - cuanto menos - demasiado alto. Seguramente pecaron demasiado, se exedieron en sus pecados. Pecaron, antes que como jovenes, como sujetos, como protagonistas de un cambio historico revolucionario. Y eso, los padres terribles de este pais de orden, lo castigaron hasta mas alla del horror.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

"On ne tue point les idées..."


Hace poco se cumplió un nuevo año del fallecimiento de Domingo F. Sarmiento, hijo de Paula Albarracín, nuestra Penélope autóctona. Mi hijo de 9 años se me acercó a contarme sobre lo aprendido en la escuela.
- Fue un maestro...
Como Epicuro, aquel derribador de mitos de la Grecia clásica, contesté con la cita dubitativa de un reconocido párrafo de su cosecha:
- No trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país.
Reconozco que no obstante la esencia miserable de esas palabras, este fragmento de una carta al general Mitre me parece literariamente genial.
Seguí contándole a mi hijo algunas otras apreciaciones sobre los indios, los huérfanos, etc. En un momento me dijo:
- Entonces, todo lo que dicen que hizo de bueno es mentira.

Hasta ahí el diálogo, que continuó, por supuesto. El 11 de septiembre, compartí en las redes sociales algunos de estos textos, recibidos con evidente beneplácito por los entusiastas militantes del campo popular. También me reconozco vecino de esos terrenos del pensamiento político pero creo haber contribuido con mis citas a una cierta pérdida de perspectiva. ¿Por qué digo esto? Porque creo que Sarmiento nos es necesario. Con su exuberancia verborrágica, su maradoniana desfachatez política, su culto por la ilustración europea, su hiperbólica construcción del discurso, atravesó toda la historia argentina y dejó en su camino algunas buenas semillas que hacen del argentino un personaje contradictorio, inconformista y, siempre, indescifrable. Como conjeturara Borges (el uso del verbo es forzado) en su Poema a Sarmiento: "Es alguien que sigue odiando, amando y combatiendo". Georgie percibió su sombra arrojando bombas sobre el pueblo en la Plaza de Mayo, pero no es el único. Sabemos que reacciona iracundo al grafitti de "Alpargatas sí...", que cada 270 pesos de Asignación Universal es un golpe a su sensibilidad y que, muy probablemente, marche junto a los estudiantes chilenos por una educación universitaria pública y gratuita.
Muchos no lo quisimos nunca, pero tampoco pudimos abandonarlo. Hay un maestro zen que dice que al agua caliente se la entibia con agua fría. Eso me llevó a mostrarles a muchos el peor Sarmiento, para luego, más aclimatados, asegurar que no podemos echarlo al olvido porque nos pertenece intrínsecamente. Social y personalmente nos ha dejado esa marca cipayona difícil de ocultar bajo cualquier máscara que elijamos.
Casi olvido referirme a esa frase magistral que titula este artículo, cuya traducción es Las ideas no se matan y que, al decir de Sarmiento, el gobierno de Rosas debió enviar una comisión para descifrarla (tal la barbarie de estas gentes). Es llamativo, en el contexto de la ilustración, que Sarmiento atribuya erróneamente la frase original a Fortoul. Ricardo Piglia escribirá sobre este hecho que "la literatura argentina se inicia con una frase escrita en francés, que es una cita falsa, equivocada". Aún atravesada por la indómita marca de la barbarie, expresada en el equívoco, es una cita contundentemente libertaria. De chico, yo me la imaginaba escrita en las laderas de Los Andes y, años después, pude homologarla a la maravillosa "¿quién amuralla una voz?" del español Miguel Hernández, cautivo del franquismo. Como no se matan, no podemos matar la influencia sarmientina sin dejar de ser esencialmente lo que somos. Dejar a Sarmiento implica abandonar nuestro ser argentino. Como la utopía gorila de aplastar al peronismo. Es posible, pero es un grado de abandono de la propia identidad tal, que resulta impensable desde la realidad concreta.
"Las ideas no se matan" dijo Sarmiento y su palabra es tan poderosa que encandila y nos ciega para entrever su continuidad inevitable, contradictoria, subyacente e históricamente repetida: "... hay que matar a los que las piensan."